No lo pienses

NO LO PIENSES

¿No te das cuenta que llego a tu vida

Solamente para decirte adiós?

No pienso tardarme más de lo

Que un invierno pueda tardar;

Un poco de calor a tus manos

Vengo a dar, para que puedan escribir

 Tan solo un poema de amor.

No creas que mi vida depende de tu vida

Que mi respirar son tus suspiros

¡No te creas tanto!.

No pienses que sin ti seguir no puedo,

pues si he venido, es a ofrecerte mi mano,

 porque un paso adelante tú  no has dado.

No me mires creyendo

que con tu desamor me has lastimado.

yo no esperaba tanto.

Mejor mírame

como a quien creíste tener

y que un día cualquiera se te fue.

Hoy solo vengo para recordarme

Que la vida no es solo para dar

que las cuentas también se pueden cobrar.

así que, no pienses

que me vengo a quedar.

del libro “Poemas a la espera de un cantor”. 2015

LAPIDANDO

LAPIDANDO

Tumbada en la infantil cama

como alondra mañanera de tierna mirada

gime agonizante de vida con cara de muerte

Y muere cada minuto sin saber nada de la vida;

Un charco de sangre la quema entre las piernas,

Quiso correr, abrazar su muñeca y poder volar.

Muchas noches quiso huir de aquello

que por ser niña no se pudo explicar.

Ella sólo quería una muñeca, un dulce y Jugar,

quería reír…pero lloró…dolió y lloró.

Su madre no pudo hacer nada

y en alguna ocasión rezó,

pero el santo también fue hombre 

 y quizá no le entendió.

Los años siguieron doliendo mientras crecía

seguía llorando la misma niña-joven.

Quizá así es la vida se decía

mientras el rubor en polvo cubría sus mejillas

ocultando la palidez que noches de terror le provocaban.

Hoy ha conocido el amor de juventud

 y apresurada la pasión se desbordaba de sus manos,

 el temblor de cuerpo la hizo padecer;

ahora ella quiere jugar y reír…. tan solo quiere amar.

-Quizá hoy si pueda querer-, pensaba

Ella quiere correr y elevar cometas al viento;

pero él quiere cama;

ya después vendrán los cometas le dijo un día

 y lejos se la llevó…

Yace tumbada en la cama,

donde el alma le Dolió y lloró

pero aún así,  él se fué.

¡Así es la vida! Se dijo una vez más.

Golpes en la puerta, gritos, risas,

burlas por doquier,

dedos señalando y gritándole “puta”

¿quién sabe tanto de amor?

Si ella solo quería reír, quería jugar

y creyó poder amar.

Las paredes le hablaban en su soledad,

y así quiso olvidar a la niña

 que abrazaba su muñeca todas las oscuras noches 

para no morir de terror.

Los años se ocuparon de hacerla madurar.

La niña-mujer pensó

-quizá casándome pueda olvidar,

 y alguien me pueda querer-

 ya no tiene la muñeca para abrazar.

Pasado un tiempo ella jugaba a tener un hogar,

 un hogar inventado, solo imaginado

 Hasta que se dio cuenta que a su lado

 tenía un marido maloliente de aguardiente

y en sus entrañas un hijo no planeado.

Otra vez, yace tumbada en la cama…

con un charco de sangre entre sus piernas,

 con dolor en el cuerpo, pero más en el alma.

 Ella llora…le duele el cuerpo …le duele el desprecio…

le duele la vida de niña-mujer.

Le llegó la muerte con cara de vida,

 sentenciada por los hombres y mujeres

que lapidan con burlas, biblias y leyes.

Mientras está tendida en el catre,

 tras unos fríos barrotes

por haber perdido al hijo obligado.

 Solo recuerda las fuertes manos que la estrujaban

 y el mal aliento de su marido que le sofocaba.

Solo recuerda que en vez de sentir amor,

sintió que la vida le asqueaba.

Un día común

La imagen puede contener: cielo y exterior

Un día común, como cualquier otro cuando ha escampado la lluvia y el sol aún tímidamente empieza a salir.

Hoy es uno de esos días en los que salgo a caminar donde se supone que no se puede caminar. Después de tres días de hibernar y holgazanear bajo techo seguro, donde el mayor peligro es el piso húmedo del patio, y la gotera eterna que anuncia cuando llueve. Hoy es uno de esos días, donde salgo a recibir el sol y la contaminación del centro de la ciudad, las noticias de inundaciones que inundaron la tv. Ya cesaron, las que no terminan ni terminarán son las de los políticos mafiosos. …ese invierno (infierno) no pasará.

Una factura vencida fue mi mejor excusa para salir y dejar por un rato las pinturas, telas e hilos que de alguna forman logran atarme.

Salí casi sin rumbo, quise irme por donde fuera, no había prisa, solo una amiga me esperaba sin hora fija, el sol estaba a mi favor no calentaba mucho. Zapatos cómodos y algunas monedas para viajar fue todo lo que necesité para salir de mi guarida en este día común.

Se me antojó ir al museo en pleno centro de la capital, al cual por cierto ya no llegué. Ahí está catedral…entré, solo por entrar, viendo las imponentes  pinturas del techo  me tuvieron un rato sentada en esas bancas sin tapiz, varias personas entramos, unos a descansar, otros a hablar por teléfono y otros como yo; llegamos a “estar” ahí, nada más.

Aprovechando esta ocasión quise acercarme  a la cripta donde está el cuerpo de monseñor Romero…según mi imaginación, no lograría entrar por el tumulto de personas que estarían ahí pidiendo milagros o agradeciendo favores, pues apenas estamos a tres días de su canonización. Casi me voy del lugar por pensar  en lo que pensé. Pero decidí hacer el intento, llegué a la cripta y todo estaba solo, apenas unas ocho  personas estábamos en el recinto;  todas acompañadas solo otra joven y yo llegamos solas como alma en pena. Realmente me sorprendió tal soledad y decidí quedarme más tiempo ahí, no sé porqué pero así fue…así fue.

En un rincón veo a una señora cortando gallardetes y me imagino son para adornar las calles donde se celebrará la misa. ¿por qué solo una persona?, dónde están todos, donde está todo ese pueblo que el domingo cantará y se emocionará porque  hay un santo salvadoreño, seguramente llenarán la plaza a la que ahora le podría cantar…”en la plaza vacía, nada vendía el vendedor, y aunque nadie compraba no se apagaba nunca su voz…”

Salí de la cripta con esa sensación extraña de no saber qué pasa. Ya en la calle amarilla me quedo parada sacándole foto al elegante y amarillo teatro nacional, quería una comprobación de que yo estaba ahí, en una esquina casi topándome con una familia de mendigos, donde se podían ver al menos tres generaciones, no sé qué color se pintará la vida de ellos, pero sí sé,  que también los mendigos forman parte del centro histórico de San Salvador.

Me encontraba en la esquina frente al antiguo Mac Donald, el cual me hizo recordar una larga espera de un septiembre del 96, en donde solo veía pasar los pies de los transeúntes, que iban y venían sin saber de quienes eran, unos apresurados y otros tan lentos y cansados, como yo por esperar.  Ahí está ese viejo edificio sin ser remodelado, ni pintado de amarillo.

Me doy cuenta que ya vi suficiente, la plaza Morazán con ladrillo de mármol sostiene a los mismos viejos o seguramente ya son otros los viejos que llegan a esperar no se qué; no sé si esperan a la vida o a la muerte, mientras la soledad les acompaña. De todos ellos, llamó mi atención un señor anciano, con sus ropas limpias y zapatos lustrados estaba sentado en un arriate, imaginariamente a la sombra de un maquilishuat el cual eran unas cuantas ramas sin follaje aún; al imaginar el follaje y flores del espectacular árbol futuro, pensé entonces que la espera del anciano era una vida floreciente…seguramente ahí seguirá esperando sentado hasta que llegue la muerte a decirle quedito que camine con ella.

Estos problemas de imaginación, me habían hecho olvidar mi objetivo de llegar hasta el centro…si, también ahí está la vieja librería donde debo comprar más pinturas para  volver a mi guarida…fue esto, lo que hizo realmente mi día común.

 

Ena.

11- octubre 2018

La maldita almohada

rojo

La maldita almohada

Mi cabeza se posa en almohada rellena de miedo, manchada de lágrimas y vergüenza, de autocensura y sabotaje social.

Hoy puse las sábanas más blancas en nuestro lecho, tan puras como el amor que nos ofrecimos un día. Quizá sea esta noche cuando la cama se llene de miles de rubíes.

Qué miedo me dan tus latidos, que miedo me da tu fiebre alucinante y tu rabia contenida. Quizá esta noche no duerma y espero estar viva al alba.

Amor mío, ¿cuándo fue que te convertiste en miedo? ¿desde cuando tu miel se volvió amarga? ¿desde cuando el odio se tomó por asalto tu alma y ahora viene por la mía?.

Mejor duerme corazón, los niños pueden escuchar y ponerse a llorar, ¿por qué se volvió tan liviano el amor? tanto, que unas copas lo pudieron corromper.

Ya tus latidos se han calmado y un suspiro profundo por fin he dado…¡cuánta claridad, que las cortinas ha traspasado!

Quizá mañana no te diga cuánto me aterra tu presencia, y eso me avergüenza. ¿Qué dirá la gente? …seguramente dirán que la culpa yo tengo, por no ser paciente.

Hoy he abierto el ventanal buscando la claridad y mi alma sin dudar se echó a volar.

Amor mío, veo que tú aún duermes en la cama y tus manos ensangrentadas están, ¿qué es lo que ha pasado en nuestro lecho? ¿ acaso todo era cierto? que de miles de rubíes nuestra cama se llenaría; y que las sábanas teñidas de carmín hoy solo envuelven el rígido cuerpo de la mujer que hasta anoche fuí.

Ena Álvarez
26- Abril 2018

En memoria de todas las mujeres quienes buscaron amor y encontraron la muerte disfrazada en una relación.

DON SEBASTIÁN

Después de muchos días de no escribir, este breve relato surgió anoche. Espero lo disfruten.

hombre caminando

 

DON SEBASTIÁN

Una noche caminaba con la cabeza gacha, viendo el suelo para no tropezar, los pies le llevaban lento, casi en cámara lenta, así se imaginaba toda la escena que le envolvía; mientras sus cansados pies le recordaban los años pasados, los años bien o mal vividos, bien o mal recordados, bien o nunca perdonados.

Cuarenta años habían pasado, del último recorrido por ese camino, antes agreste, hoy era una larga serpiente de cemento, curveada como siempre, inmensa como antes. ¡Vaya!  ¿Qué es esto de ir pendiente de no tropezar con las piedras?  eso era de antes. ¡Las piedras ya no existían! Todas habían desaparecido. Solamente le había quedado un trozo de cuarzo blanco que encontró un día después de una lluvia torrencial, él la recogió creyendo que se trataba de una fortuna, aunque nunca pensó en venderlo; la llevó consigo durante todo el tiempo que se ausentó del camino, muchas noches de luna llena el cuarzo yacía en pleno sereno recibiendo la carga de energía que le serviría a Sebastián para sobrellevar su trajinar cotidiano. La misma energía que le servía para completar esos días metido entre papeles, revisando innumerables cuentas por pagar y cuentas por cobrar. Eran estas últimas las que, como a cualquier mortal le hacían sonreír y pensar en qué gusto o lujo se podría dar en las próximas vacaciones con todo el dinero que entraría este mes.

Definitivamente, al ver a Sebastián Amador, sobraba decir que era un hombre con cierto atractivo de un truhan, que sin decir nada invitaba a las mujeres a lanzarse a la aventura o a salir corriendo en dirección opuesta a él; pero eso …ya no era, esos tiempos ya habían pasado y hoy cobraban factura.

Hoy vemos a don Sebastián Amador, como un señor ensimismado en sus pensamientos y en las cuentas por pagar; ahora ya no parece el caballero como sacado de un tango de Gardel, con su bigote bien arreglado y su pelo bajo una gruesa capa de vaselina, que ni el más fuerte viento podía mover.

La mirada de un hombre de pelo cano y media calvicie se refleja en un antiguo espejo colgado en su habitación, la mirada del reflejo le provoca una desmedida nostalgia que se convirtió en lágrimas casi secas, mientras un nudo le cerraba la garganta. Ese hombre de aspecto avejentado y nostálgico miró a su alrededor y no encuentra a nadie que le observara; por fin… ya se encuentra a sus anchas para llorar como Dios manda.

Los recuerdos llegan como borbollones en su cabeza, la imagen de muchas mujeres aparecían con la juventud que él robó y desechó en su momento de don Juan; era todo irónico, cómo esa juventud contrasta con la vejez que el espejo reflejaba.

Aquellos amigos que uno a uno fueron desapareciendo de su vida porque también los desechó estaban también ahí, brotando en sus pensamientos. Aparecieron como imagen tridimensional sus padres, amorosos y olvidados que hacía varios años habían fallecido y a quienes nunca visitó pero que según él compensó pagando los gastos funerarios. Todo eso llegaba y Sebastián lloraba, se ahogaba en su miseria.

En un destello de su pensamiento, recordó de pronto el cuarzo blanco y lo buscó afanosamente en sus cajones, pero no lo encontró.  Hoy es luna llena se dijo, pero ya no tenía su piedra para recibir la energía de la luna, sin pensarlo mucho, decidió salir a su patio bajo el sereno de la noche y tumbándose en el pasto lloró bajo la luna, le pidió aunque sea un rayo de luz para continuar sus días. Exactamente no sabía lo que le había pasado durante todos estos años, pero de pronto ya no tenía nada, ya no se sentía el mismo, y sus días de ahora eran más ayeres.

La luna llena le miró desde lo alto, pero no le dijo nada…ofuscado se levantó del pasto y tomó las llaves de su auto rojo, cómplice de muchas aventuras amorosas, y corrió tomando la carretera del norte…una …dos horas manejando hacia un lugar casi olvidado. Sin pensarlo, se bajó del auto, dejándolo a orilla con luces intermitentes, mientras él caminaba el resto de camino que faltaba.

Fue por lo que esa noche, don Sebastián Amador se veía en cámara lenta mientras sus pies le llevaban en aquel camino hacia su casa de infancia; iba a buscar lo que perdió: un corazón en forma de cuarzo blanco.

 

Ena Alvarez

15-03-18

Viento

 

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¿Que le digo al viento

cuando me pregunte por ti?

si ya no sé quién eres.

¿qué puedo hacer cuando el tiempo me pida

que dibuje en el aire tu retrato?

si no recuerdo tu mirar,

ni la sonrisa que quizá me cautivó;

no recuerdo las huellas que los años

dejaron en tu piel.

¿cómo voy a saber

si es tu silueta la que va o viene?

¿cómo podré reconocer la voz , si me llama?

qué voy a decirle al viento,

cuando me pregunte por ti

si mi memoria te ha borrado.

y mi piel  se limpió de toda caricia.

Mejor ya ni me pregunto…simplemente

voy a decirle que fue él mismo

Quien te ha llevado.

 

Ena.

enero2018

Año Nuevo

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Cuando el año va cerrando el telón, creo que es normal sentirse invadido de una mezcla de sentimientos, algunos esperanzadores (los menos), otros de incertidumbre, añoranza, agradecimiento, incredulidad, expectativas, descontento, la verdad que se hace un mix con todo eso.
Se comienza a hacer un recuento de daños y de aciertos, atinos y desatinos… creo que al fin y al cabo es una evaluación subjetiva porque los últimos días del año le confieren cierta nostalgia a la vida y las tonalidades las vemos entonces con otro lente.
No se puede ser tan objetiva cuando se han perdido las cuentas por ejemplo de las mañanas felices al despertar, también cuando se perdieron las cuentas de las noches bien descansadas, o se perdió la lista de amigos, se perdió la memoria de risas y llantos, y van quedando solamente las cuentas pendientes de pagar. cuentas económicas y morales.
Ser objetivos cuando  en los noticieros llegan a diario los recuentos de homicidios, accidentes, deudas que trascienden generaciones, datos plagados de mentiras en supuestas encuestas fidedignas electoreras. ¿son estas las evaluaciones objetivas? para decir si fue un buen o mal año.
Pero sobre todo ¿cuáles son las expectativas para el próximo año?… ¿será que el hecho de sobrevivir en este país es suficiente para decir Feliz año nuevo?, ¿o es acaso suficiente  un poquito de fe y el deseo de que mejoren las cosas para que realmente podamos abrazarnos y desearnos mutua y sinceramente un feliz año nuevo?.
Ena.