EL TRISTE CUENTO DE LA CARACOLA DE MAR

caracola

EL TRISTE CUENTO DE LA CARACOLA DE MAR

El sol calentaba el agua, el agua revolvía arena con sal, la arena arrastraba una caracola, y la caracola lloraba queriendo regresar al fondo del mar.

Arrepentida el agua , por verla sufrir, mandaba insistente con fuerza sus olas para alcanzarla y devolverla a su hogar.

Pero la arena mojada seguía jugando y empujando más a la orilla a la pobre caracola de mar; En tanto la arena mojada se hundía bajo los pies descalzos de un niño que jugaba y corría…corría hacia la caracola.

La tomó en sus pequeñas manos y sintió que un corazón adentro del caparazón se agitaba, el pobre animalito le hablaba al niño en lenguaje extraño pidiéndole que la devolviera al mar, sin que el niño pudiera entender.

El llanto de la caracola fue tanto que se confundió con el sonido del mar ; el niño jugaba con juguete nuevo que lloraba …  el ruido logró salir y por fin se dejó escuchar ; era el llanto de la caracola, el niño lo pudo entender.

Con mucha pena por la caracola , el niño se acercó al mar; tomando fuerzas en sus brazos con impulso la trató de arrojar.

Una mano fuerte detuvo la pequeña mano del niño; era su madre quien lo separó con miedo del mar. Y al ver la hermosa caracola que el niño había encontrado se enamoró del ahora precioso adorno que podría con orgullo mostrar.

Con angustia, la caracola se veía presa en una mano suave, que a pesar de sentirse admirada por su belleza, sentía que se alejaba cada vez más del mar; de su hogar.

Ya es hora de volver a casa decía la mujer, mientras depositaba con cuidado en una cesta el recuerdo de su visita de verano en la playa. La caracola lloraba y nadie la escuchaba.

Pasó mucho tiempo en un elegante estante como un lindo adorno casero; aún ahí, seguía llorando para no olvidarse del sonido del mar.

Solamente el niño llegaba de vez en cuando a ponerla en sus oídos, cada vez la escuchaba menos, porque ya a la caracola se le apagaba la voz…hasta que un día amaneció bajo ella, un charco de agua salada como lágrimas, iguales al agua del mar, ese día se acabó su llanto, había muerto de tristeza  lejos de su hogar.

La mujer al ver que su estante se había ensuciado por la caracola, no hizo más que tirarla al cesto de la basura viendo solamente el opaco y viejo caparazón de lo que antes fue la hermosa caracola de mar.

 

Ena-    (14-08-16)

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