DON SEBASTIÁN

Después de muchos días de no escribir, este breve relato surgió anoche. Espero lo disfruten.

hombre caminando

 

DON SEBASTIÁN

Una noche caminaba con la cabeza gacha, viendo el suelo para no tropezar, los pies le llevaban lento, casi en cámara lenta, así se imaginaba toda la escena que le envolvía; mientras sus cansados pies le recordaban los años pasados, los años bien o mal vividos, bien o mal recordados, bien o nunca perdonados.

Cuarenta años habían pasado, del último recorrido por ese camino, antes agreste, hoy era una larga serpiente de cemento, curveada como siempre, inmensa como antes. ¡Vaya!  ¿Qué es esto de ir pendiente de no tropezar con las piedras?  eso era de antes. ¡Las piedras ya no existían! Todas habían desaparecido. Solamente le había quedado un trozo de cuarzo blanco que encontró un día después de una lluvia torrencial, él la recogió creyendo que se trataba de una fortuna, aunque nunca pensó en venderlo; la llevó consigo durante todo el tiempo que se ausentó del camino, muchas noches de luna llena el cuarzo yacía en pleno sereno recibiendo la carga de energía que le serviría a Sebastián para sobrellevar su trajinar cotidiano. La misma energía que le servía para completar esos días metido entre papeles, revisando innumerables cuentas por pagar y cuentas por cobrar. Eran estas últimas las que, como a cualquier mortal le hacían sonreír y pensar en qué gusto o lujo se podría dar en las próximas vacaciones con todo el dinero que entraría este mes.

Definitivamente, al ver a Sebastián Amador, sobraba decir que era un hombre con cierto atractivo de un truhan, que sin decir nada invitaba a las mujeres a lanzarse a la aventura o a salir corriendo en dirección opuesta a él; pero eso …ya no era, esos tiempos ya habían pasado y hoy cobraban factura.

Hoy vemos a don Sebastián Amador, como un señor ensimismado en sus pensamientos y en las cuentas por pagar; ahora ya no parece el caballero como sacado de un tango de Gardel, con su bigote bien arreglado y su pelo bajo una gruesa capa de vaselina, que ni el más fuerte viento podía mover.

La mirada de un hombre de pelo cano y media calvicie se refleja en un antiguo espejo colgado en su habitación, la mirada del reflejo le provoca una desmedida nostalgia que se convirtió en lágrimas casi secas, mientras un nudo le cerraba la garganta. Ese hombre de aspecto avejentado y nostálgico miró a su alrededor y no encuentra a nadie que le observara; por fin… ya se encuentra a sus anchas para llorar como Dios manda.

Los recuerdos llegan como borbollones en su cabeza, la imagen de muchas mujeres aparecían con la juventud que él robó y desechó en su momento de don Juan; era todo irónico, cómo esa juventud contrasta con la vejez que el espejo reflejaba.

Aquellos amigos que uno a uno fueron desapareciendo de su vida porque también los desechó estaban también ahí, brotando en sus pensamientos. Aparecieron como imagen tridimensional sus padres, amorosos y olvidados que hacía varios años habían fallecido y a quienes nunca visitó pero que según él compensó pagando los gastos funerarios. Todo eso llegaba y Sebastián lloraba, se ahogaba en su miseria.

En un destello de su pensamiento, recordó de pronto el cuarzo blanco y lo buscó afanosamente en sus cajones, pero no lo encontró.  Hoy es luna llena se dijo, pero ya no tenía su piedra para recibir la energía de la luna, sin pensarlo mucho, decidió salir a su patio bajo el sereno de la noche y tumbándose en el pasto lloró bajo la luna, le pidió aunque sea un rayo de luz para continuar sus días. Exactamente no sabía lo que le había pasado durante todos estos años, pero de pronto ya no tenía nada, ya no se sentía el mismo, y sus días de ahora eran más ayeres.

La luna llena le miró desde lo alto, pero no le dijo nada…ofuscado se levantó del pasto y tomó las llaves de su auto rojo, cómplice de muchas aventuras amorosas, y corrió tomando la carretera del norte…una …dos horas manejando hacia un lugar casi olvidado. Sin pensarlo, se bajó del auto, dejándolo a orilla con luces intermitentes, mientras él caminaba el resto de camino que faltaba.

Fue por lo que esa noche, don Sebastián Amador se veía en cámara lenta mientras sus pies le llevaban en aquel camino hacia su casa de infancia; iba a buscar lo que perdió: un corazón en forma de cuarzo blanco.

 

Ena Alvarez

15-03-18

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