Un día común

La imagen puede contener: cielo y exterior

Un día común, como cualquier otro cuando ha escampado la lluvia y el sol aún tímidamente empieza a salir.

Hoy es uno de esos días en los que salgo a caminar donde se supone que no se puede caminar. Después de tres días de hibernar y holgazanear bajo techo seguro, donde el mayor peligro es el piso húmedo del patio, y la gotera eterna que anuncia cuando llueve. Hoy es uno de esos días, donde salgo a recibir el sol y la contaminación del centro de la ciudad, las noticias de inundaciones que inundaron la tv. Ya cesaron, las que no terminan ni terminarán son las de los políticos mafiosos. …ese invierno (infierno) no pasará.

Una factura vencida fue mi mejor excusa para salir y dejar por un rato las pinturas, telas e hilos que de alguna forman logran atarme.

Salí casi sin rumbo, quise irme por donde fuera, no había prisa, solo una amiga me esperaba sin hora fija, el sol estaba a mi favor no calentaba mucho. Zapatos cómodos y algunas monedas para viajar fue todo lo que necesité para salir de mi guarida en este día común.

Se me antojó ir al museo en pleno centro de la capital, al cual por cierto ya no llegué. Ahí está catedral…entré, solo por entrar, viendo las imponentes  pinturas del techo  me tuvieron un rato sentada en esas bancas sin tapiz, varias personas entramos, unos a descansar, otros a hablar por teléfono y otros como yo; llegamos a “estar” ahí, nada más.

Aprovechando esta ocasión quise acercarme  a la cripta donde está el cuerpo de monseñor Romero…según mi imaginación, no lograría entrar por el tumulto de personas que estarían ahí pidiendo milagros o agradeciendo favores, pues apenas estamos a tres días de su canonización. Casi me voy del lugar por pensar  en lo que pensé. Pero decidí hacer el intento, llegué a la cripta y todo estaba solo, apenas unas ocho  personas estábamos en el recinto;  todas acompañadas solo otra joven y yo llegamos solas como alma en pena. Realmente me sorprendió tal soledad y decidí quedarme más tiempo ahí, no sé porqué pero así fue…así fue.

En un rincón veo a una señora cortando gallardetes y me imagino son para adornar las calles donde se celebrará la misa. ¿por qué solo una persona?, dónde están todos, donde está todo ese pueblo que el domingo cantará y se emocionará porque  hay un santo salvadoreño, seguramente llenarán la plaza a la que ahora le podría cantar…”en la plaza vacía, nada vendía el vendedor, y aunque nadie compraba no se apagaba nunca su voz…”

Salí de la cripta con esa sensación extraña de no saber qué pasa. Ya en la calle amarilla me quedo parada sacándole foto al elegante y amarillo teatro nacional, quería una comprobación de que yo estaba ahí, en una esquina casi topándome con una familia de mendigos, donde se podían ver al menos tres generaciones, no sé qué color se pintará la vida de ellos, pero sí sé,  que también los mendigos forman parte del centro histórico de San Salvador.

Me encontraba en la esquina frente al antiguo Mac Donald, el cual me hizo recordar una larga espera de un septiembre del 96, en donde solo veía pasar los pies de los transeúntes, que iban y venían sin saber de quienes eran, unos apresurados y otros tan lentos y cansados, como yo por esperar.  Ahí está ese viejo edificio sin ser remodelado, ni pintado de amarillo.

Me doy cuenta que ya vi suficiente, la plaza Morazán con ladrillo de mármol sostiene a los mismos viejos o seguramente ya son otros los viejos que llegan a esperar no se qué; no sé si esperan a la vida o a la muerte, mientras la soledad les acompaña. De todos ellos, llamó mi atención un señor anciano, con sus ropas limpias y zapatos lustrados estaba sentado en un arriate, imaginariamente a la sombra de un maquilishuat el cual eran unas cuantas ramas sin follaje aún; al imaginar el follaje y flores del espectacular árbol futuro, pensé entonces que la espera del anciano era una vida floreciente…seguramente ahí seguirá esperando sentado hasta que llegue la muerte a decirle quedito que camine con ella.

Estos problemas de imaginación, me habían hecho olvidar mi objetivo de llegar hasta el centro…si, también ahí está la vieja librería donde debo comprar más pinturas para  volver a mi guarida…fue esto, lo que hizo realmente mi día común.

 

Ena.

11- octubre 2018

2 comentarios en “Un día común

  1. Hace unos días, que después de tantos años, también fui al centro, tuve tambien muchos de los recuerdos a los que haces mención.
    También me sorprendió lo vacía que estaba la cripta de Monseñor.

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