LAPIDANDO

LAPIDANDO

Tumbada en la infantil cama

como alondra mañanera de tierna mirada

gime agonizante de vida con cara de muerte

Y muere cada minuto sin saber nada de la vida;

Un charco de sangre la quema entre las piernas,

Quiso correr, abrazar su muñeca y poder volar.

Muchas noches quiso huir de aquello

que por ser niña no se pudo explicar.

Ella sólo quería una muñeca, un dulce y Jugar,

quería reír…pero lloró…dolió y lloró.

Su madre no pudo hacer nada

y en alguna ocasión rezó,

pero el santo también fue hombre 

 y quizá no le entendió.

Los años siguieron doliendo mientras crecía

seguía llorando la misma niña-joven.

Quizá así es la vida se decía

mientras el rubor en polvo cubría sus mejillas

ocultando la palidez que noches de terror le provocaban.

Hoy ha conocido el amor de juventud

 y apresurada la pasión se desbordaba de sus manos,

 el temblor de cuerpo la hizo padecer;

ahora ella quiere jugar y reír…. tan solo quiere amar.

-Quizá hoy si pueda querer-, pensaba

Ella quiere correr y elevar cometas al viento;

pero él quiere cama;

ya después vendrán los cometas le dijo un día

 y lejos se la llevó…

Yace tumbada en la cama,

donde el alma le Dolió y lloró

pero aún así,  él se fué.

¡Así es la vida! Se dijo una vez más.

Golpes en la puerta, gritos, risas,

burlas por doquier,

dedos señalando y gritándole “puta”

¿quién sabe tanto de amor?

Si ella solo quería reír, quería jugar

y creyó poder amar.

Las paredes le hablaban en su soledad,

y así quiso olvidar a la niña

 que abrazaba su muñeca todas las oscuras noches 

para no morir de terror.

Los años se ocuparon de hacerla madurar.

La niña-mujer pensó

-quizá casándome pueda olvidar,

 y alguien me pueda querer-

 ya no tiene la muñeca para abrazar.

Pasado un tiempo ella jugaba a tener un hogar,

 un hogar inventado, solo imaginado

 Hasta que se dio cuenta que a su lado

 tenía un marido maloliente de aguardiente

y en sus entrañas un hijo no planeado.

Otra vez, yace tumbada en la cama…

con un charco de sangre entre sus piernas,

 con dolor en el cuerpo, pero más en el alma.

 Ella llora…le duele el cuerpo …le duele el desprecio…

le duele la vida de niña-mujer.

Le llegó la muerte con cara de vida,

 sentenciada por los hombres y mujeres

que lapidan con burlas, biblias y leyes.

Mientras está tendida en el catre,

 tras unos fríos barrotes

por haber perdido al hijo obligado.

 Solo recuerda las fuertes manos que la estrujaban

 y el mal aliento de su marido que le sofocaba.

Solo recuerda que en vez de sentir amor,

sintió que la vida le asqueaba.

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