¿A ver cuándo nos tomamos un cafecito ?

café

Esta es una pregunta que una y otra vez se repite entre miles de personas;

aún sin haber hecho una investigación, podría asegurar que la mayoría de las que hacen esa pregunta somos las mujeres.  ¿Qué por qué no son los hombres? Voy a dejar que se la respondan ustedes mismos.

El asunto al que quiero llegar, es al valor intrínseco que tiene esta pregunta. ¿Por qué no decimos?… haber cuándo vamos a tomarnos un atolito, un shuco, un fresquito, etc. Como casi todo lo decimos en chiquito; también decimos un cafecito.

Pero realmente qué queremos dar a entender: por muy bueno que sea el café, una persona no va sólo por ir a tomarlo (a excepción cuando se anda durmiendo). Realmente lo que la persona busca al decirlo es compañía, es tener un tiempo para hablar con otra persona, es distraerse de las tareas cotidianas, es ir a respirar otros aires.

 Es hasta por decirlo así, un momento místico en donde el aroma y el humo del café caliente cubren el rostro de la persona que lo toma, cierra los ojos y por un instante se estremece ante ese algo intangible e invisible dejando su mente en blanco. Este suceso tan íntimo con el espíritu del café, es compartido con aquellas personas a las que uno quiere mucho, o más o menos, pero nunca va a querer compartirlo (voluntariamente) con personas desagradables para la usted.

El café tiene la magia de ser amargo pero nos endulza momentos, es oscuro pero nos sirve para aclarar la mente…en definitiva el café une corazones. No me refiero solo al aspecto romántico, porque realmente esa pregunta del principio frecuentemente la hacemos más entre amigas.

Durante años vamos dejando tantos cafés pendientes, con personas que nos hicieron la pregunta ¿a ver cuándo nos tomamos un cafecito? …por Dios, son tantos,  que a la larga sería mejor preguntarnos cuánto tiempo le hemos negado a personas necesitadas de una conversación, cuánto hemos negado nuestra compañía, nuestro afecto.

El café en sí mismo no es todo lo valioso que representa cuando es acompañado de risas, de lamentos, de secretos, de complicidad, y de todas aquellas necesidades que una persona pueda cargar encima, por lo tanto sería mejor no preguntar si de verdad no se tiene la intención de tomar el dichoso café.

Este escrito puede ser eliminado porque no se trata de un tema trascendental para la Nación…no estoy hablando de seguridad pública, o de los papeles de Panamá. Sólo estoy hablando del CAFÉ PROMETIDO. El café olvidado, estoy hablando de valoración del tiempo para nuestras amigas-os, de un espacio de relax para nuestra salud mental, de una pausa a la vida ajetreada, de un respirar profundo con aroma de café.

En fin, ¿Cuántas diremos? …

“por hoy sigo sirviéndome y bebiendo sola mi taza de café, porque pasarán los años y se puede enfriar”

Ena.

6-4-16