PAPEL Y LÁPIZ

guerra

Miles de voces se escucharon este día gritar, este año gritar, este siglo gemir, no es dolor de vida, aunque puede ser; no es dolor de muerte, ella no ha de doler.

Desde mi refugio hecho de pompa de jabón, he logrado escuchar afuera, esos gritos de furia, con odio y con valor; enfrentando una cruel odisea que al parecer nunca se ha de acabar.

Qué olor más raro traen los vientos, que erizan mi piel;  qué sensación extraña se apodera de mí sin querer. La burbuja se mueve y vuela sin dirección; su transparencia me deja ver desde lo alto el corazón de la tierra que no para de llorar, no deja de implorar, no deja de temer, y aun así está queriéndose levantar.

Llueve en la tierra, es lluvia torrencial. No es agua,  mucho menos bendiciones las que cayendo están.  ¡Me asusto, como nunca me asusté!  del cielo están lloviendo gases, balas y bombas por doquier, que pasan veloces a mi alrededor. ¡esto ya puede  estallar!

Salgo como puedo, de mi volátil guarida, y me encuentro entre los escombros de la sociedad,  solamente encuentro a un niño; a quien con urgencia pregunto ¿Acaso hay un Dios aquí?

¿Quién es el Dios que viene tan solo a matar? en oriente y occidente, norte y sur, él juega con el globo, juega a destruir.

El niño solamente me veía con ganas de llorar, pero ni una palabra logró pronunciar.

Seguí queriendo saber, y  volví a preguntar:  Dime entonces ¿Acaso, hay un Dios aquí? ¿Por qué no dejo de escuchar esos lamentos de vivos casi muertos, y de muertos que luchan por vivir? ¿por qué en todas partes  escuché a la tierra gemir?.

Ahora impávido me veía, y los oídos se tapaba, luego miró hacia arriba y sacando de sus bolsillos papel y lápiz, el niño de rodillas cayó.  Casi besando el suelo, él comenzó a escribir…a pensar…a creer…nuevamente a escribir… comenzó a soñar…a escribir…a pensar.. comenzó a luchar.

En sus ojos logré ver  esa  extraña desolación que en muchos lugares dejaron  aquellos que por su pueblo tomaron un fusil; Pero se me hizo más extraña la desolación que dejaron los  que murieron  por haber tomado en serio el papel y lápiz, como el niño aquel.

Ena